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La Biblioteca


© Assemblée nationale - fotógrafo Laurent Lecat

El decorado

Una obra maestra del arte romantico

Instituida en 1794, la Biblioteca no tuvo instalaciones definitivas hasta 1834, cuando, luego de la adquisición por el Estado del Palacio de Borbón en 1827, se decidió la construcción de un edificio específico en lugar de antiguos patios y jardines. Se trata de una amplia nave, de unos 42 metros de largo por 10 metros de ancho, concebida por el arquitecto Jules de Joly, que pudó recibir  60 000 libros en sus estantes.

La decoración de los techos fue realizada por Eugène Delacroix, quien organizó los temas de las cinco cúpulas según la clasificación de los libros en uso en aquella época. Para cada cúpula, un tema reúne, en cuatro pechinas, los hombres más famosos en la disciplina evocada: al centro, la legislación, rodeada por la filosofia y la teología; en las extremidades, la ciencia y la poesia. Al Norte y al Sur, dos hemiciclos oponen la Guerra («Atila pisando a Italia y a las Artes») a la Paz («Orfeo enseñando la civilización y las Artes a los Griegos todavía barbaros»).

Les costaron ocho años (1839-1847) a Delacroix y sus discipulos para concebir y ejecutar este proyecto excepcional. Asi, este lugar de estudio e investigación es también, gracias al talento del pintor, uno de los más lindos testimonios del Arte romantico. «En el ámbito de la pintura mural, no se ha realizado nada más magnífico en la Escuela francesa» escribió, en 1881, el gran historiador del arte Charles Blanc.

 El fondo

Del gabinete de aficionado a la biblioteca legislativa

La Biblioteca heredó, a su creación, de más de 12 000 libros reunidos por el Comité de instrucción pública de la Convención. Provenían de los «depósitos literarios» creados después de la incautación de los bienes que pertenecían a los religiosos y a los emigrantes. El primer bibliotecario, Armand Gaston Camus, se aprovechó de dichos depósitos para enriquecer el fondo hasta el final del Consulat. Aliando un espíritu enciclopédico y bibliofílico, no dejó de juntar «el placer de los ojos al placer del espíritu». Su sucesor, Pierre-Paul Druon, igualmente concebía la Biblioteca tanto como un órgano de documentación como un gabinete de obras raras y preciosas. Le debemos la adquisición en el fondo antiguo de dos documentos excepcionales: el manuscrito del juzgamento de Joana de Arco y el Codex Borbonicus, calendario aztéca del final del siglo XV.

Un instrumento de trabajo para el legislador.

A partir de 1830, el régimen parlamentario se consolidó y la Biblioteca, entonces más cerca del hemiciclo, hubo de presentar un acceso fácil a los diputados a todos los recursos bibliograficos y documentales necesarios a la función de su mandato.

Poner a disposición de los diputados lo esencial de lo que se publica en lo jurídico, social, económico y político, al menos en edición francesa, es la norma que rige  las adquisiciones de los libros y de los periódicos. Nada prohibe, desde luego, enriquecer el fondo antiguo con documentos raros cuando tratan de la historia política y parlamentaria. Así, hace poco, entraron en las colecciones, los manuscritos de Robespierre, Lamartine, Jaurès o Leon Blum, sin olvidar los que suelen ofrecer los parlamentarios a la Biblioteca.